San Juan, Puerto Rico.– El deporte puertorriqueño está de luto tras el fallecimiento de José Rafael “Piculín” Ortiz, una de las figuras más trascendentales en la historia del baloncesto de la isla, quien murió este martes a las 12:03 de la madrugada, según confirmó su familia mediante un comunicado.
El exbaloncelista, de 62 años, libraba una batalla contra el cáncer colorrectal, enfermedad que le fue diagnosticada en noviembre de 2023. Como parte de su tratamiento, fue sometido a una operación en enero de 2025. A pesar de su condición, se mantuvo cercano al deporte, asistiendo a partidos y respaldando a las selecciones nacionales.
Natural de Aibonito, Ortiz construyó una destacada carrera profesional durante 24 años y fue pilar de la Selección Nacional de Puerto Rico por más de dos décadas, entre 1983 y 2004, dejando una huella imborrable en el baloncesto internacional.
Sus inicios en el Baloncesto Superior Nacional (BSN) se dieron con los Atléticos de San Germán, franquicia con la que jugó sus primeras 16 temporadas y conquistó campeonatos en 1991 y 1994.
Su talento lo llevó al baloncesto universitario en Oregon State University, donde brilló de forma excepcional, siendo nombrado Jugador del Año de la conferencia Pac-10 en 1987, superando a figuras como Reggie Miller.
Ese mismo año hizo historia al convertirse en el primer puertorriqueño seleccionado en un draft de la NBA, cuando el Utah Jazz lo eligió en la posición 15 del sorteo de 1987. Aunque su paso por la liga estadounidense fue breve, con dos temporadas, desarrolló una exitosa carrera en Europa.
En el baloncesto español defendió los colores de equipos de alto nivel como el Real Madrid Baloncesto, el FC Barcelona Baloncesto, el BC Andorra y el Unicaja Málaga. También jugó en Grecia con clubes como el Aris Salónica y el PAOK BC, entre otros.
Con la Selección Nacional protagonizó algunos de los momentos más memorables del baloncesto puertorriqueño. En 1987 obtuvo la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Indianápolis, donde además fue abanderado de la delegación. Cuatro años más tarde, lideró al equipo hacia la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de La Habana.
La partida de “Piculín” Ortiz deja un profundo vacío en el deporte boricua, pero también un legado de disciplina, entrega y orgullo nacional que permanecerá en la memoria colectiva de Puerto Rico y del baloncesto internacional.
