David Ruiz
“A mí me nominaron para los Grammy y como quiera los Soberano no me quieren, no me quieren”.
Es el lamento público de Tokischa (Tokischa Altagracia Peralta), quien aún no recibe una nominación a los Premios Soberano, pese a su proyección internacional, sus apariciones en desfiles de moda y su nominación a los Latin Grammy Awards.
La controversial artista expresó su queja durante una entrevista con el comunicador Tony Dandrades. Allí aseguró que el reconocimiento de la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte) no le quita el sueño, aunque admitió que le gustaría ser tomada en cuenta por el gremio que organiza los premios más importantes del arte dominicano.
Mientras tanto, Univision confirmó su presentación especial en el escenario de Premio Lo Nuestro 2026, donde compite en categorías como Artista Femenina del Año – Urbano, Mejor Canción Dembow por “Celos” y Mejor Combinación Femenina por “De Maravisha”. También figura en Mejor Canción Trap/Hip-Hop Urbano y Canción del Año – Urbano.
“¿Cuál es la dema que me tienen los premios Soberano?”, se preguntó la intérprete.
La respuesta no es tan simple como el reclamo. Las premiaciones internacionales suelen sustentarse en métricas cuantificables: números de reproducciones, impacto digital, posicionamiento global. En cambio, los Soberano se rigen por el criterio de cronistas especializados, con sus luces y sombras, y sí, también con sus inevitables debates sobre coherencia y doble moral.
Pero más allá de la discusión sobre los métodos de evaluación, hay un punto medular que no puede ignorarse: el contenido.
El “sonido” y la viralidad pueden garantizar tendencias, titulares y reproducciones millonarias. Sin embargo, no siempre logran romper el círculo que dio origen a esa misma popularidad. En buena parte de los temas lanzados por Tokischa desde la pandemia, predominan referencias explícitas a sexualidad, consumo de drogas, violencia y provocación constante como eje discursivo. Es una estética, una narrativa y una estrategia clara de mercado.
La pregunta entonces no es si tiene números. Los tiene.
La pregunta es si su propuesta artística trasciende el impacto inmediato para convertirse en una obra musical con valor cultural perdurable.
Los premios nacionales, para bien o para mal, también evalúan —o deberían evaluar— el aporte al imaginario colectivo, la evolución artística y la construcción de identidad cultural. No se trata de puritanismo ni de censura. Se trata de criterio.
Tokischa representa una generación irreverente, disruptiva y sin filtros. Eso tiene mérito en términos de autenticidad y ruptura de esquemas. Pero el reconocimiento institucional no siempre acompaña la provocación como único discurso.
Quizás el debate de fondo no sea si los Soberano la quieren o no.
Quizás la verdadera pregunta sea: ¿qué tipo de legado quiere construir?
