En un día marcado por el dolor y la nostalgia, mientras cientos de personas lloraban y acompañaban a la querida reina de la salve, Enerolisa Núñez, a su última morada, las cuentas oficiales de la Alcaldía de Santo Domingo Norte y de su alcaldesa se convirtieron en escenario de una celebración inapropiada. La gestión municipal, al unísono con algunos regidores y funcionarios, se dedicó a cantar canciones de la mexicana Ana Gabriel, sin ningún reconocimiento al profundo legado cultural que Enerolisa representaba.
La muerte de Enerolisa Núñez ha revelado una dolorosa fissura entre la cultura popular y la institucionalidad municipal. A pesar de su invaluable aportación a la música de atabales y su papel como guardiana de la salve, el Ayuntamiento de Santo Domingo Norte ha decidido no declarar tres días de duelo en honor a esta emblemática artista, una omisión que ha generado una ola de indignación en sectores culturales y comunitarios.
Loren Girón Villa, ex presidente del Concejo de Regidores, ha denunciado la falta de convocatoria para una sesión de urgencia que homenajeara a "La Reina de la Salve". Este reclamo no es meramente protocolar, sino una crítica al escaso valor que se otorga a la identidad cultural por parte del poder local. Girón Villa destaca que Enerolisa no fue solo una intérprete más; fue un símbolo viviente de la música de atabales y un embajadora de una tradición que se remonta a las raíces afrodominicanas.
Desde Villa Mella, un lugar rico en cultura y espiritualidad, la voz de Enerolisa emergió como una manifestación que trasciende lo musical, uniendo generaciones y preservando la memoria de la diáspora africana en el Caribe. Su contribución fue mucho más que artística; se trató de una herencia espiritual.
El concejal del partido Fuerza del Pueblo, José Miguel Brand, también ha unido su voz al reclamo, cuestionando la prioridad que tuvo el Ayuntamiento para realizar actividades oficiales en lugar de mostrar respeto y apoyo a la familia y a la comunidad en el momento de su despedida. Para Brand, este actuar refleja una desconexión alarmante con la identidad cultural de Villa Mella, donde Enerolisa dedicó su vida a preservar la música y las tradiciones autóctonas.
El exconcejal y promotor cultural José Manuel López también lamentó que Enerolisa no recibiera un adiós acorde a su impacto cultural. Considera que se debió haber organizado un acto solemne con la participación de autoridades culturales y artistas que recordaran su vida y legado, honrando a la "Reina de la Salve" de la manera que ella merecía.
La ausencia de un duelo formal expresa algo más profundo; revela el reconocimiento institucional de una mujer que ha llevado la salve a escenarios internacionales, sin perder de vista su esencia comunitaria. La falta de un acto oficial en su despedida ha sido percibida como una alarmante señal sobre la posición de la cultura tradicional en la agenda pública municipal.
En comunidades donde la cultura se entrelaza con la identidad y el sustento espiritual, el silencio institucional tiene un peso considerable. La declaración de duelo no cambia la historia de Enerolisa, pero sí establece la postura de quienes gobiernan el municipio. ¿Puede una ciudad que se enorgullece de su patrimonio ignorar la despedida solemne de una de sus principales guardianas culturales?
Este debate plantea una cuestión aún más relevante: el reconocimiento a los portadores de tradición no debe depender de circunstancias políticas o presiones externas, sino requerir políticas públicas claras y un enfoque coherente en la valoración cultural. Honrar a aquellos que sostienen la raíz histórica de la nación es una obligación moral de las autoridades.
Hoy, Santo Domingo Norte no solo se despide de una artista. Se enfrenta a la inquietante pregunta: ¿están sus líderes comprendiendo adecuadamente el valor de la cultura ancestral como pilar del desarrollo y la identidad municipal?
La respuesta, por el momento, resuena entre los ecos de los atabales y el inquietante silencio oficial que muchos consideran inaceptable.
